La actividad física favorece la salud del cerebro, no solo al reducir el colesterol o mejorar la capacidad cardiovascular, sino también al inducir una profunda plasticidad cerebral. Estimula la formación y el crecimiento de neuronas, mejora el rendimiento cognitivo y tiene un efecto positivo indirecto sobre la creatividad.
El ejercicio regular es un excelente antídoto contra el estrés y aumenta nuestra capacidad para afrontar los desafíos diarios y las presiones laborales.
Como decía Nelson Mandela: “Siempre he creído que el ejercicio es una clave no solo para la salud física, sino para la paz mental” Una mente con menos estrés y mayor serenidad es una mente más descansada, con mayor capacidad para enfrentar la vida.
El ocio es una manera de desconectar de las tareas principales del día y del desgaste mental que generan las responsabilidades cotidianas.
Aporta aire renovado a la mente y ayuda a aliviar las tensiones acumuladas.
Winston Churchill descansaba de la presión que suponía liderar el Reino Unido durante la Segunda Guerra Mundial pintando.
Él mismo reflexionaba “No basta con apagar las luces que iluminan el campo de interés principal y ordinario. Debe iluminarse un nuevo campo.”
Podemos descansar y fortalecer las partes agotadas de la mente no solo mediante el sueño, sino también activando otras áreas a través de actividades alternativas.
El período sabático no tiene por qué ser de larga duración; a menudo, unas pocas semanas son suficientes.
Al apartarnos del foco de atención cotidiano y de la rutina, facilitamos que la mente recupere energía y ganamos perspectiva sobre nuestra dinámica habitual. Estos períodos permiten que emerja la creatividad y nos ayudan a descubrir nuevas ideas. Para seguir avanzando, a veces es necesario dar un paso atrás y observar desde la distancia.
Así como el sueño nos permite recuperarnos del esfuerzo de la vigilia y renovar energías para afrontar un nuevo día, las vacaciones nos ofrecen un distanciamiento psicológico de las obligaciones laborales, que resulta esencial para la recuperación física y emocional.
Para que este receso sea realmente efectivo, necesitamos una retirada total de los estímulos laborales.
Si permanecemos disponibles —aunque solo sea para responder a un mensaje— no obtenemos el beneficio completo del descanso emocional.
Por esta misma razón, se ha observado que quienes se preocupan por el trabajo durante su tiempo libre presentan menores niveles de recuperación que quienes logran desconectar por completo.
Estudios han demostrado que los beneficios emocionales de unas vacaciones suelen durar entre tres y cuatro semanas.
Pasado ese tiempo, los niveles de bienestar y satisfacción laboral regresan a su punto anterior. Esto nos lleva a considerar como más beneficiosa la opción de tomar recesos más cortos pero más frecuentes, que permiten mantener niveles de recuperación más estables a lo largo del tiempo.

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